Mosab Abu Toha va néixer en 1993 en el camp de refugiats d’Al-Shati, descendent d’una família de refugiats procedents de la ciutat de Jaffa.
Amb l’inici de la Segona Intifada, la seva família es va traslladar a Beit Lahia, al nord de la Franja. Es va llicenciar en filologia anglesa per la Universitat Islàmica de Gaza en 2014, un mes després que l’aviació israeliana destruís la Facultat d’Estudis Anglesos d’aquesta universitat. En 2017 va fundar la Biblioteca Edward Said, una biblioteca pública en anglès en Beit Lahia, que va obrir una branca de la institució a la ciutat de Gaza en 2019. La biblioteca va ser bombardejada i completament destruïda per les forces israelianes durant la guerra de Gaza de 2023-24.
Amb setze anys, anava de camí a comprar ous quan la metralla d’un bombardeig israelià li va perforar part del front, el coll i l’espatlla.
¿Qué es hogar?
Qué es hogar:
es la sombra de los árboles cuando iba a la escuela antes de que los arrancaran de raíz.
Es la fotografía en blanco y negro de la boda de mis
abuelos antes de derrumbarse las paredes.
Es la alfombra de oración de mi tío donde dormitaban
decenas de hormigas en invierno antes de que fuera
saqueada para colocarla en un museo.
Es el horno que mi madre usaba para hornear el pan y
asar el pollo antes de que una bomba calcinara nuestra casa.
Es el café donde veía los partidos de fútbol y jugaba—
Mi hijo me interrumpe: ¿Una palabra de cinco letras puede guardar todo eso?
Nos merecemos una muerte mejor.
Nos merecemos una muerte mejor.
Nuestros cuerpos están desfigurados y retorcidos,
bordados con balas y metralla.
Nuestros nombres se pronuncian mal
en la radio y la televisión.
Nuestras fotos, pegadas en los muros de los edificios,
se destiñen y palidecen.
Las inscripciones de nuestras lápidas desaparecen
cubiertas por las heces de pájaros y reptiles.
Nadie riega los árboles que dan sombra
a nuestras tumbas.
El sol abrasador ha abrumado
nuestros cuerpos en descomposición.
Las cosas que tal vez halles ocultas
en mi oído
a Alicia M. Quesnel, M.D.
I
Cuando me abras el oído, tócalo con suavidad.
La voz de mi madre se conserva en algún rincón.
Su voz es el eco que me ayuda a recuperar el equilibrio cuando siento vértigo.
Puede que encuentres canciones en árabe,
poemas en inglés que me recito a mí mismo,
o una canción que canto a los pájaros que trinan en nuestro patio.
Cuando cosas la herida, no olvides volver a ponerlo todo en mi oído.
Coloca todo en orden, como harías con los libros en tu estantería.
II
El zumbido de un dron,
el rugido de un F-16,
los alaridos de las bombas al caer sobre las casas,
los campos y los cuerpos, los misiles volando—
sácalos a todos de mi diminuto canal auditivo.
Rocía el perfume de tus sonrisas en la incisión.
Inyecta en mis venas el canto de la vida para despertarme.
Toca el tambor con sutileza para que mi mente pueda bailar junto a la tuya día y noche, doctora mía.